La evaluación sobrevalorada y las competencias incomprendidas

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En la entrada anterior pusimos un poco de luz en la profusión de conceptos que han surgido a lo largo de los años en el ámbito de la formación y también vimos que en la llamada sociedad del conocimiento lo que nos sobra es conocimiento y que su exceso ha provocado que éste haya perdido su valor. Como indica Theodore Roszak

Padecemos una superabundancia de información sin refinar ni digerir que surge de todos los medios que nos rodean… puede haber demasiada información. Tanta, que el bosque se pierde entre los árboles.

 

Imagen: TheflippedClassroom. Licencia: CC BY-SA 2.0

Disponemos de datos e información casi infinitos, pero nos faltan competencias que nos permitan interpretar esa información y esos datos. Tenemos que dar sentido a la información, para no solo describir el mundo sino apropiarnos del mundo. Más que verdades absolutas necesitamos desarrollar capacidades que nos permitan describir el mundo en términos novedosos que a su vez nos posibiliten imaginar más y hacer más.

Aprendizaje basada en competencias ¿por qué es necesario?

El concepto de competencias lo planteó por primera vez Noam Chomsky en 1965, para explicar cómo es posible comunicarse mediante la apropiación del lenguaje. Por su parte, Gerhard Bunk, en los años 70 introduce el término en el mundo educativo y laboral; clasificándolas en competencias técnicas, metodológicas, sociales y participativas, lo cual se asume en el estudio por su vinculación con la formación, el trabajo y la aplicación de los saberes.

Peter Drucker, que como vimos en la entrada anterior fue el primero en entender el verdadero sentido de los cambios que se estaban produciendo en la sociedad y ya en 1969 planteó que en la sociedad actual es necesario que aprendamos a vivir en la incertidumbre, aprender en la incertidumbre y trabajar en la incertidumbre. Para Drucker la principal competencia para vivir en la sociedad del conocimiento es aprender a aprender.

Comienza a ser evidente que la globalización es la consecuencia de un mundo cada vez más diverso e interconectado. Para comprender y “funcionar” en este mundo, los individuos necesitan dominar las tecnologías cambiantes y comprender enormes cantidades de información disponible. También enfrentamos desafíos colectivos como sociedades, tales como el balance entre el crecimiento económico y la sostenibilidad ambiental, y la prosperidad con la equidad social. En estos contextos, las competencias que los individuos necesitan satisfacer para alcanzar sus metas se han ido haciendo más complejas.

Por otro lado uno de los problemas de la enseñanza tradicional radica en que, dada la relevancia que se ha concedido al contenido, se ha fomentado demasiado a menudo un aprendizaje memorístico de conocimientos, el cual no implica necesariamente que el aprendiz sea capaz de aplicarlos a la vida real. Frente a esto, el aprendizaje por competencias se centra en dos pilares fundamentales: la significatividad y la funcionalidad de los aprendizajes.

Enseñanza tradicional y por competencias

 

Este nuevo enfoque de la enseñanza no debe olvidar, en ningún caso, la importancia de los conocimientos, pero es preciso que los aborde de manera interrelacionada, poniendo en juego al mismo tiempo conocimientos, destrezas, habilidades y valores.

Una competencia es más que conocimientos y destrezas. Involucra la habilidad de enfrentar demandas complejas, apoyándose en y movilizando recursos psicosociales (incluyendo destrezas y actitudes) en un contexto en particular. Por ejemplo, la habilidad de comunicarse efectivamente es una competencia que se puede apoyar en el conocimiento de un individuo del lenguaje, destrezas prácticas en tecnología e información y actitudes con las personas que se comunica. Los individuos necesitan de un amplio rango de competencias para enfrentar los complejos desafíos del mundo de hoy, pero producir listas muy largas de todo lo que pueden necesitar hacer en diversos contextos en determinado momento de sus vidas sería de un valor práctico muy limitado.

Aunque la implantación de estas ideas está muy lejos de ser una realidad, los ministerios de educación de la OCDE, lo tienen muy claro.

El desarrollo sostenible y la cohesión social dependen críticamente de las competencias de toda nuestra población, con competencias que se entiende cubren el conocimiento, las destrezas, las actitudes y los valores

Sería muy complicado entender el concepto de competencia si no se tiene en cuenta el concepto comentado en la entrada anterior; el aprendizaje significativo. El aprendizaje significativo ocurre cuando una nueva información se conecta con un concepto relevante preexistente en la estructura cognitiva, esto implica que las nuevas ideas, conceptos y proposiciones pueden ser aprendidos significativamente en la medida en que otras ideas, conceptos o proposiciones relevantes sean claras y estén disponibles en la estructura cognitiva del individuo, y que funcionen como un punto de anclaje de las primeras. A su vez el nuevo conocimiento transforma la estructura cognoscitiva, potenciando los esquemas cognoscitivos que posibilita la adquisición de nuevos conocimientos. En conclusión, el aprendizaje significativo consiste en la combinación los conocimientos previos que tiene el individuo con los conocimientos nuevos que va adquiriendo. Estos dos al relacionarse, forman una conexión y es así como se forma el nuevo aprendizaje, es decir, el aprendizaje significativo.

Aprender a conocer, Aprender a hacer, Aprender a convivir se convierten en los tres pilares de la educación para hacer frente a los retos del siglo XXI y llevar a cada persona a descubrir, despertar e incrementar sus posibilidades creativas, permitiéndole que aprenda a ser.

La importancia de la evaluación

Que hay un problema grave relacionado con la evaluación en el aprendizaje actual se manifiesta en que la práctica totalidad de los aprendices optaría por aprobar y después, si se puede, aprender. Hemos confundido, en demasiadas ocasiones el acto de aprender con el de aprobar exámenes.  Este malentendido ha modificado las prioridades en el aprendizaje, se ha conseguido que el aprendizaje se entienda de manera nefasta para el propio aprendizaje. Evaluar no debería ser clasificar ni examinar ni aplicar tests, porque evaluar con intención realmente formativa no tiene nada que ver con medir ni calificar, ni tan siquiera corregir. Miguel Ángel Santos Guerra lo explicaba perfectamente en el documento 20 paradojas de la evaluación.

Aunque la finalidad de la enseñanza es que los alumnos aprendan, la dinámica de las instituciones hace que la evaluación se convierta en una estrategia para que los alumnos aprueben.

Por la complejidad del mundo actual es necesario ser capaces de buscar, recopilar y filtrar datos, de trabajar colaborativamente, compartir y comunicar, aprender hoy es aprender a pensar, a hacer y a conectar. Aprender hoy sería entonces aprender a editar. Aprender es también explicar, argumentar, preguntar, deliberar, discriminar, defender tus propias ideas y creencias. Aprender es aprender a evaluar.

En este punto ha quedado claro que el aprendizaje no es solo una cuestión de transmitir información. Aprender es un proceso activo. Entendemos el mundo mediante la exploración activa, la experimentación, la discusión y la reflexión. Construimos ideas, no las adquirimos.

Conclusión

El premio Nobel de economía Stiglitz ha sido muy claro

El aprendizaje nunca ha sido tan importante como ahora

Son muchos los que creen que estamos asistiendo a una “espectacular revolución del aprendizaje”, algunos autores hablan de la learning explosion, posibilitada por miles de innovaciones digitales, al alcance de todo el mundo.  El Departamento de Educación de Gran Bretaña ha desarrollado un documento sobre este tema cuyo título lo dice todo “The Learning Age, a renaissance for a new Britain“.  Las grandes empresas informáticas –Google, Microsoft, Apple, Samsung, Cysco, IBM, etc- invierten cantidades ingentes de dinero –y de talento- en investigaciones pedagógicas. Como hemos visto distintos consorcios internacionales intentan definir las competencias necesarias para el siglo XXI. La relación entre neurociencia y educación está siendo estudiada por numerosas universidades e incluso varias universidades lanzan una superdisciplina –Brain, Mind and Education– para estudiarla. El filósofo y profesor Jose Antonio Marina deja muy clara la situación actual

Aprender es el recurso de la inteligencia para sobrevivir y progresar en un entorno cambiante. Cuando esos cambios eran lentos, una etapa breve de formación servía para toda la vida. Pero nos encontramos inmersos en un cambio acelerado, lo que exige aprender continuamente, velozmente, a lo largo de toda la vida. La alternativa es quedarse marginado.


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Hay un comentario a “La evaluación sobrevalorada y las competencias incomprendidas”

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  1. Thanks, great article.

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