El innovador concepto de software comercial

Tabla de contenido


Damos el nombre de software comercial (commercialware) a aquellas herramientas de software sujetas a un precio, el cual debemos pagar para obtener el derecho de utilizarlas. En el mundo de hoy esto es habitual. Estamos acostumbrados a que el software sea un producto más de los muchos que hay en el mercado. Sin embargo, no fue siempre así. Hubo un tiempo en que nadie se planteaba la posibilidad de que el software pudiera venderse.

Bill-Gates
Ilustración de Fulaleo (Fluvio A. Obregon, https://www.instagram.com/fulaleo/ )

Prueba de lo afirmado en el párrafo anterior puede ser la Carta abierta a los aficionados que Bill Gates, el expresidente de Microsoft, escribió allá por 1976 a los miembros del Hombrew Computer Club de Palo Alto. Puedes leerla en inglés, si lo deseas, pulsando este enlace: An open letter to hobbyists. Pero si no quieres hacerlo, ni tampoco esperar a la película, allá va un resumen: Gates preguntaba por qué la gente que pagaba hardware al adquirir un computador no quería pagar también por el software. Añadía después, quizá cediendo a la tentación de exagerar, que el año invertido por tres personas —un empleado, el propio Gates y su socio cofundador de Microsoft, Paul Allen— en el desarrollo del intérprete BASIC«Código simbólico de instrucciones de propósito general para principiantes». Es una familia de lenguajes de alto nivel diseñada en 1964 para la enseñanza de la programación
Beginners All-purpose Symbolic Instruction Code → BASIC
para el computador Altair de la empresa MITSFue una compañía norteamericana de electrónica fundada en Albuquerque que comenzó fabricando calculadoras electrónicas en 1971 y computadoras personales en 1975.
Micro Instrumentation and Telemetry Systems → MITS
, si bien podía valorarse en unos 40 mil dólares de costo, apenas les había proporcionado ingresos equivalentes a 2 dólares por hora trabajada. Y acusaba a los usuarios del Altair, literalmente, de estar robando el software.

Antecendentes

Para entender el escenario que propició la publicación de esta carta, debemos recordar que en aquellos tiempos el negocio de verdad para las empresas era el hardware, y los usuarios que compraban un PCComputadora personal: computador que puede ser utilizado por una sola persona
Personal Computer → PC
tenían la esperanza, en buena lógica, de que este viniese de fábrica con el software necesario para resultar útil. Por su parte, las compañías de computadores procuraban incluir en sus equipos aplicaciones que los hiciesen más atractivos que los de la competencia, con el único fin de inclinar en su favor, gracias a ese valor añadido, las preferencias de la clientela. No se habían planteado nunca vender algo tan etéreo como una aplicación, desde luego, porque su negocio era el hardware. A fin de cuentas un ordenador era un objeto, un bien palpable, real, mientras que el software no dejaba de ser una idea. ¿Y quién había oído hablar de que las ideas pudieran venderse?

Gates, de quien ya tenemos pruebas para saber que era un innovador como pocos, parecía que era posible. Fueron él y su socio quienes propusieron a MITSFue una compañía norteamericana de electrónica fundada en Albuquerque que comenzó fabricando calculadoras electrónicas en 1971 y computadoras personales en 1975.
Micro Instrumentation and Telemetry Systems → MITS
, la compañía que comercializaba Altair, el computador personal más popular de la época, la firma de un contrato por el cual Microsoft desarrollaría un intérprete BASIC«Código simbólico de instrucciones de propósito general para principiantes». Es una familia de lenguajes de alto nivel diseñada en 1964 para la enseñanza de la programación
Beginners All-purpose Symbolic Instruction Code → BASIC
, que durante diez años solo los usuarios de los Altair podrían comprar en exclusiva. Para MITSFue una compañía norteamericana de electrónica fundada en Albuquerque que comenzó fabricando calculadoras electrónicas en 1971 y computadoras personales en 1975.
Micro Instrumentation and Telemetry Systems → MITS
, publicitar que el suyo era el único ordenador en el que funcionaría dicho intérprete conseguiría que los aficionados a la programación eligieran su marca, en vez de decantarse por otros computadores que proliferaban en el mercado, pero que no ofrecían tal posibilidad. Microsoft, por su parte, aceptaba recibir de 30 a 60 dólares por cada copia vendida.

En principio, este acuerdo debía beneficiar a ambas empresas. Sin embargo, a pesar de que Altair fue el computador personal de mayor ventas en 1975, de que muchas personas compraron el equipo e incluso las ampliaciones de memoria necesarias para hacer correr el intérprete BASIC«Código simbólico de instrucciones de propósito general para principiantes». Es una familia de lenguajes de alto nivel diseñada en 1964 para la enseñanza de la programación
Beginners All-purpose Symbolic Instruction Code → BASIC
, solo unos pocos usuarios adquirieron también el software. Y no lo hicieron, por la sencilla razón de que pensaban obtenerlo gratis de amigos o colegas que lo hubiesen comprado antes. En otras palabras: aunque los términos «piratería» y «pirata» todavía no se aplicaban a la informática, no pagaban el intérprete BASIC«Código simbólico de instrucciones de propósito general para principiantes». Es una familia de lenguajes de alto nivel diseñada en 1964 para la enseñanza de la programación
Beginners All-purpose Symbolic Instruction Code → BASIC
porque podían piratearlo. Claro que entonces nadie creía estar haciendo nada malo, porque tampoco nadie, salvo Gates y su socio, pensaba que el software fuera a convertirse en un producto comercial. Debemos entender que a los directivos de MITSFue una compañía norteamericana de electrónica fundada en Albuquerque que comenzó fabricando calculadoras electrónicas en 1971 y computadoras personales en 1975.
Micro Instrumentation and Telemetry Systems → MITS
no les preocupaba que no se vendiera la herramienta de Microsoft, mientras se siguieran vendiendo sus equipos. Su negocio era el hardware, no el software, y estaban cumpliendo los objetivos marcados. Por eso aquel joven Gates de 19 años decidió apelar a la conciencia de los aficionados a la informática con esa carta que ha dado la vuelta al mundo.

Desde nuestra perspectiva del siglo XXI, consideramos perfectamente legítimo querer cobrar por el trabajo de programación, o por cualquier otro, y nos parece que Gates tenía razón al pedir a los usuarios de su aplicación que la comprasen, en lugar de compartirla sin más. Estaba en su derecho de hacerlo, moral y legalmente. Pero también fue un poco injusto al acusar de robo a aquellos aficionados que no creían haber perjudicado a nadie, porque ni siquiera podían imaginar que se debiera pagar por un bien intangible como el software. Algo que, además, era muy fácil de conseguir, ya que todo el mundo estaba dispuesto a intercambiarlo por cualquier medio, incluso el papel impreso. Y es que en aquellos tiempos, cuando alguien escribía un programa nuevo, se apresuraba a publicarlo en las revistas de aficionados, para que otras personas lo pudieran copiar —teclear el código— y probar cuanto antes. De sobra es sabido que los informáticos podemos tener un ego más grande que el océano, y no nos cuesta imaginar que alguien dijera o pensara alguna vez frases como estas: Pero, ¿cómo vas a saber que mi contribución en BASIC«Código simbólico de instrucciones de propósito general para principiantes». Es una familia de lenguajes de alto nivel diseñada en 1964 para la enseñanza de la programación
Beginners All-purpose Symbolic Instruction Code → BASIC
es genial si no tienes un intérprete de este lenguaje para ejecutarla? No te preocupes, que yo te lo paso.
En definitiva, lo importante es que la humanidad pueda disfrutar de mi programa y siga avanzando un paso más en el camino del progreso.

Y por supuesto que avanzamos, y rápidamente, por lo menos en la dirección que Gates preconizaba, pues hoy en día la compra y venta de software forman parte de la vida cotidiana, y Microsoft es una de las compañías líderes en este mercado. Baste decir que su producto estrella, el sistema operativo Windows XP, presentado en octubre de 2001, es el más extendido del mundo incluso por encima de las posteriores versiones que han ido sucediéndose, con unos 400 millones de copias vendidas.

Consecuencias

Durante las dos últimas décadas del siglo XX las empresas que vendían software se multiplicaron en progresión geométrica, y sus ventas superaban a las de compañías de hardware, quizá porque una persona suele comprar un ordenador y varias aplicaciones para usarlas en él, y no al revés, pero también porque su modelo de negocio constituye una muestra más de la capacidad de innovación del ser humano. Se vendían computadores más que nunca, y lo corriente era que estos solo viniesen con el sistema operativo —que ya pagamos al comprar el hardware— y unas pocas utilidades, y tuviéramos que adquirir por un importe generalmente alto las demás herramientas que necesitábamos instalar en nuestros equipos. Pero el negocio no acababa aquí: periódicamente, debíamos ir comprando a precio más bajo actualizaciones de esas herramientas, con supuestas mejoras y nuevas prestaciones, a medida que estas salían al mercado. Cabe recordar que no actualizarse durante una o dos versiones ocasionaba a menudo la pérdida del derecho a obtener las siguientes, en cuyo caso debía pagarse de nuevo el software completo.

Los medios de distribución al principio eran físicos, aunque fueron cambiando en virtud de los distintos avances tecnológicos. En los ’80, un paquete de software consistía en una caja que contenía discos de instalación, varios formularios de garantía, licencia, etc., y manuales impresos de la herramienta en cuestión, lo cual evidentemente suponía gastos de imprenta y embalaje para los fabricantes. A medida que se fue pasando del disqueteEl disquete o disco flexible era un soporte de almacenamiento de datos de tipo magnético con una capacidad máxima de unos2 MB, formado por una fina lámina circular de material magnetizable y flexible, encerrada en una cubierta de plástico
diskette / floppy disk
al CD«disco compacto»: disco óptico (láser) con capacidad de 700 MB (disco estándar)
Compact Disc → Compact Disc
, después al DVD«disco versátil digital»: disco óptico (láser) con capacidad de 4,7 GB por cada capa
Digital Versatile Disc
, y más tarde a los enlaces de descarga de los instaladores a través de Internet, lo que adquiríamos tenía cada vez un coste menor para las compañías productoras, aunque este ahorro no se repercutía siempre en los precios de venta al público. Los primeros en desaparecer fueron los manuales impresos, pues las compañías de software comprendieron que les resultaba más barato incluirlos, junto con el resto de la documentación, en archivos digitales. Después, gracias a Internet, se pudo prescindir incluso de los discos de cualquier tipo, y lo que se vendía era un simple enlace de descarga.

Las grandes corporaciones de software comercial ejercieron —y todavía ejercen— un poder casi tiránico sobre los consumidores. Pagamos por el software y, si hablamos de multinacionales, como Adobe u Oracle, o la propia Microsoft, se nos exige el pago incluso antes de utilizarlo, pues solamente después de abonar el precio estipulado tenemos acceso al instalador correspondiente. Además, lo que compramos es únicamente una licencia, un permiso para utilizar sus productos, y no el producto mismo. Aunque en realidad esto no es una característica del software comercial, sino de otra categoría que denominamos software privativoSe denomina software propietario o privativo al software del cual no existe una forma libre de acceso a su código fuente, el cual solo se encuentra a disposición de su desarrollador y no se permite su modificación, adaptación o incluso lectura por parte de terceros
propietary software
(propietary software). Como se da la circunstancia de que la mayoría del software comercial es también privativo, mucha gente los confunde, pero no son lo mismo. Aunque hablaremos de esto en mejor ocasión.

Quizá fue el evidente abuso de las grandes compañías lo que motivó a otras empresas pequeñas para adoptar una modalidad de venta más justa, conocida como software compartido (shareware), que posibilita el probar gratis las aplicaciones durante un determinado período de tiempo, transcurrido el cual tenemos la obligación —en ocasiones únicamente moral— de comprarlas. Como muestra, valgan las conocidas utilidades de compresión de archivos WinRar y WinZip, que podemos usar inmediatamente sin hacer ningún desembolso, pero que después de haber pasado el plazo establecido muestran, cada vez que las ejecutamos, una ventana que nos invita a adquirir la correspondiente licencia, y nos recuerda que no comprar software dificulta la supervivencia de sus desarrolladores y su capacidad para construir nuevas herramientas. Lo cierto es que la mayoría de las veces estas aplicaciones seguirán funcionando aunque no paguemos absolutamente nada, pero el mensaje está ahí, a la vista, para hacernos sentir culpables. Algo semejante a la carta de Gates, aunque sin acusar a nadie explícitamente de robo. Y parece que la estrategia ha resultado tremendamente efectiva, pues en 2001 Steve Pavlina, el jefe ejecutivo de la compañía de juegos shareware Desterity Software Inc., y entonces también presidente de la Asociación de Shareware Profesional, confesaba al New York Times haber ganado cientos de miles de dólares con este modelo de distribución desde los años ’90.

Los desarrolladores individuales a menudo optan por exigir otros métodos y medios de pago diferentes, en general también posteriores al uso de sus productos, y algunos no dejan de ser curiosos: el envío de una tarjeta postal al autor del software (postcardware) o una donación voluntaria (donationware). O simplemente no cobran nada, pero se financian de forma indirecta, pues sus aplicaciones muestran publicidad (adware) de otras empresas mientras las usamos. En rigor, todas esas variantes de distribución, y algunas que nos hemos dejado en el tintero, siguen siendo software comercial, porque está sujeto a un precio, aunque lo desembolsemos antes o después, tengamos que hacerlo en dinero o especie, o sean terceras personas físicas o jurídicas —anunciantes— quienes realmente deban pagarlo.

Hoy en día, el software comercial se vende, como ya hemos apuntado, principalmente a través de software: compramos un enlace de descarga y ya está cerrado el negocio. ¡Qué genialidad! En lo demás, seguimos casi igual que antes. Todavía podemos instalar aplicaciones en nuestros ordenadores de sobremesa, portátiles, smartphoneteléfono inteligente (gralm. móvil)
smart telephone → smartphone
s y tablet«tableta»: computadora portátil plana, de tamaño algo mayor que un teléfono móvil, con pantalla táctil (se puede interactuar con ella usando los dedos o un estilete)
tablet computer → tablet
s, pero también hay nuevas opciones, como la suscripción, que permite utilizar ciertos productos onlineen línea: en la Red, conectado
on line
sin que instalemos nada en nuestro computador, a cambio de satisfacer una cuota periódica que suele ser asequible. Adobe es un ejemplo de esta modalidad, poniendo a disposición del público su suite de diseño completa, con un precio de venta de 3500 euros, por una cantidad mensual mucho menor en proporción, pues apenas llega a los 65 euros. Esto presenta el inconveniente de que en todo momento necesitamos una conexión a Internet para usar esas herramientas, pero las ventajas de que siempre podremos acceder a la última versión del software, por un lado, y de que no es preciso realizar ninguna inversión inicial, por otro. No obstante, hay quienes se preguntan qué pasará si todas las compañías adoptan esta forma de distribución. ¿Seguirán siendo las cuotas tan bajas cuando la suscripción sea la única manera de utilizar el software comercial?

Conclusión

Ha llovido mucho desde la publicación de aquella carta, y está claro que una parte de la peculiar visión del software expresada en ella se ha cumplido, porque hoy pagamos, en dinero o no, por un gran número de aplicaciones, y ya nadie duda de que las empresas y las personas tienen derecho a comercializar el software, igual que sucede con cualquier otro producto. Pero el software comercial, aun siendo perfectamente legítimo, propició la existencia una filosofía empresarial que no atiende únicamente al aspecto económico, sino que pretende restringir la libertad de los usuarios en favor de las grandes corporaciones, algo a lo que quizá nadie tenga derecho. Nos referimos al denominado  software privativoSe denomina software propietario o privativo al software del cual no existe una forma libre de acceso a su código fuente, el cual solo se encuentra a disposición de su desarrollador y no se permite su modificación, adaptación o incluso lectura por parte de terceros
propietary software
, del que Microsoft siempre ha sido ardua defensora, aunque no la única.

Gates ha cambiado el mundo, para bien y para mal, fuera este o no su propósito. Porque además de inaugurar de algún modo la era del software comercial, como nos enseña la tercera ley de Newton, con toda acción siempre ocurre una reacción igual y contraria, y algunos programadores, que se sintieron insultados por las acusaciones vertidas en su carta, comenzaron a colaborar entre sí, e impulsarían poco después lo que hoy conocemos como movimientos de software libreDesigna el conjunto de software que garantiza las cuatro libertades del usuario: usar el software, estudiarlo, distribuirlo y mejorarlo
free software
(free software) y de código abiertoDesigna el software que da acceso al usuario al código fuente. Se distingue del software libre en que no garantiza las cuatro libertades del usuario, sino solo algunas de ellas
open source
(open source).

Pero esa es otra historia. O, mejor dicho, un tema para otro artículo.


Tabla de contenido


2 comentarios a “El innovador concepto de software comercial”

Puedes dejar una respuesta o hacer Trakback para esta entrada.

Escribe una respuesta o un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.