Paradigmas de aprendizaje. Otra transformación necesaria


Este es el primero de una serie de artículos en los que vamos a contar cómo entendemos en APLICACIONez® la formación y el aprendizaje, actividades que están inextricablemente unidas a la transformación digital de las organizaciones. Por eso, esta serie se desarrolla a la vez que otra, La transformación digital necesaria. Con ambas explicaremos por qué en APLICACIONez®, a la hora de afrontar la transformación digital de una organización, tenemos en cuenta el aspecto formativo, y cualquier proyecto formativo lo entendemos como un proyecto de transformación digital.

 

Sir Ken Robinson
Sir Ken Robinson (Foto: Sebastiaan ter Burg. Licencia: CC BY-SA 2.0)

 

Empezamos con un poco de historia, para exponer a continuación el «estado del arte» de la formación y el aprendizaje. A partir de ahí, explicamos cómo es el «modelo» de formación y aprendizaje de APLICACIONez®, presentando los proyectos formativos más significativos que hemos llevado a cabo.

¿Qué es el conocimiento?¿Cómo aprendemos?¿Qué es lo que deberíamos aprender para afrontar el mundo lleno de incertidumbre y complejidad que nos ha tocado vivir? Todas estas cuestiones requieren que previamente entendamos cómo hemos llegado hasta aquí.

 

Consciencia histórica: la primera competencia

Francisco Umbral, en su obra Los helechos arborescentes describe magistralmente la consciencia del pasado ocurriendo en el presente, nos cuenta en definitiva cómo alumbra en nosotros la consciencia histórica:

… cuanta pululación española y progresista en las grandes páginas del periódico, bajo la austeridad gótica de su cabecera, la novela de mi tiempo contada por entregas, lo que iba pasando cada día, la historia de España, que me llegaba asordada y un poco tardía, porque había despertado yo de pronto a algo así como la conciencia histórica, la noción de presente, lo que estaba pasando, y había hecho ese descubrimiento elemental y esencial de que la historia está ocurriendo en torno, de que la catedral del tiempo se erige a nuestro alrededor, algo así como la pasión política y la pasión aventurera al mismo tiempo.
 
 
Francisco Umbral
Francisco Umbral (Foto: Elisa Cabot. Licencia: CC BY-SA 2.0)

 

En momentos históricos llenos de incertidumbre y complejidad como el que estamos viviendo, la consciencia de que venimos de un pasado es fundamental para construir el futuro. Paradójicamente, lo que ha pasado hasta el momento es que cuando aparece algo con mucha fuerza que anuncia algún cambio drástico, crece una conciencia paralela que se resiste a esa transformación. Quizá el desafío final de la modernidad sea intentar un equilibrio entre la visión cíclica y la visión lineal de la historia. Reconocer que más allá del muro impenetrable del misterio puede existir un sentido. La búsqueda de ese sentido a través del aprendizaje puede ser una gran aventura.

 

Para cambiar paradigmas, conozcamos su origen

Quizás el mejor análisis sobre la situación actual del aprendizaje la hizo el pedagogo inglés Ken Robinson en un evento organizados por RSA en enero del 2010. Las principales ideas de la charla se pueden ver en Youtube en formato Scribing.

Verónica Vera hizo en su blog un resumen del video, del que me quedaría con este párrafo, porque explica a la perfección en pocas líneas «dónde estamos y de dónde venimos»:

El problema del actual sistema educativo es que fue diseñado, concebido y estructurado para una época diferente: en la cultura intelectual de la Ilustración, y en las circunstancias económicas de la Revolución Industrial. Dirigido por un imperativo económico de la época y la visión de inteligencia de la Ilustración que identificaba  2 clases de personas: académicas y no académicas, gente inteligente y gente no inteligente. Y la consecuencia de esto es que muchas personas brillantes piensan que no lo son.

El paradigma educativo está obsoleto. Quizás nunca fue el adecuado, pero mucho menos ahora, porque en la sociedad del conocimiento los métodos clásicos de actuación jerárquicos, verticales y predefinidos no están preparados para reaccionar ni adaptarse con suficiente rapidez. Las organizaciones, si quieren competir eficazmente y adaptarse a los permanentes cambios, tienen que ajustar sus prácticas a las nuevas características y contextos del conocimiento. Ahora, más que nunca,  tener la capacidad de actualizarse es más importante que saber algo en un momento dado.

Está claro que la formación requiere una transformación. Pero ¿Qué transformar?¿Cómo realizar esa transformación? Para resolver estas cuestiones no partimos de cero.

Formarse para el futuro

Edgar Morin en el ensayo Los 7 saberes necesarios para la educación del futuro publicado por la UNESCOLa Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura es un organismo de las Naciones Unidas especializado en orientar a los pueblos en una gestión más eficaz de su propio desarrollo, a través de los recursos naturales y los valores culturales.
United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization → UNESCO
expone los problemas centrales o fundamentales, que permanecen ignorados y olvidados y que son necesarios para enseñar en el próximo siglo. 

 

Edgar Morin
Edgar Morin (Foto: David Monniaux. Licencia: CC BY-SA 3.0)

 

De alguna manera lo que plantea Morin es un aprendizaje consciente sobre cómo aprendemos, por qué aprendemos, lo que aprendemos y qué es necesario aprender. Y lo resume en estos 7 saberes.

  1. Las cegueras del conocimiento: el error y la ilusión.  El aprendizaje a partir de la consciencia, de cómo se hace efectivo, permite optimizarlo y salvar «las cegueras del conocimiento».  
    • Consciencia del conocimiento y del propio aprendizaje.
  2. Los principios de un conocimiento pertinente. Por muy especializado que sea, cualquier conocimiento tiene un contexto que en último término definirá la pertinencia de dicho aprendizaje en cada caso.
    • Consciencia del contexto y pertinencia del aprendizaje.
  3. Enseñar la condición humana. Es necesario reunir y organizar conocimientos dispersos en las ciencias de la naturaleza, en las ciencias humanas, la literatura y la filosofía, y mostrar la unión indisoluble entre la unidad y la diversidad de todo lo que es humano.
    • Consciencia del verdadero humanismo.
  4. Enseñar la identidad terrenal. Los humanos confrontamos los mismos problemas de vida y muerte, vivimos en una misma comunidad de destino.
    • Consciencia de la verdadera globalización.
  5. Enfrentar las incertidumbres. Quizás ahora más que nunca es necesario abandonar los conceptos deterministas de la historia humana, que creían poder predecir nuestro futuro. El carácter en adelante desconocido de la aventura humana debe incitarnos a preparar nuestras mentes para esperar lo inesperado y poder afrontarlo.
    • Consciencia de la complejidad y la incertidumbre. Afrontando adecuadamente la complejidad y la incertidumbre podemos convertirlas en ventajas y oportunidades.
  6. Enseñar la comprensión. La comprensión mutua entre humanos, tanto próximos como extraños es en adelante vital para que las relaciones humanas salgan de su estado bárbaro de incomprensión.
    • Consciencia de las incomprensiones, desde sus raíces, sus modalidades y sus efectos. Este estudio sería tanto más importante cuanto que se centraría, no solo en los síntomas, sino en las causas de los racismos, las xenofobias y los desprecios. 
  7. La ética del género humano. La ética debe formarse en las mentes a partir de la conciencia de que el humano es al mismo tiempo individuo, parte de una sociedad, parte de una especie.
    • Consciencia del desarrollo conjunto de las autonomías individuales, de las participaciones comunitarias y de pertenecer a la especie humana.

 

Como ya vimos en la entrada Las organizaciones en la sociedad del conocimiento, estamos «sufriendo» una transformación radical de la civilización. Que esa transformación sea para alumbrar una sociedad más humana dependerá en gran parte de cómo se transforme la formación y, a partir de esto, de cómo se transforme la empresa.

Formación y aprendizaje como factores de transformación de la empresa

La relación entre empresa y aprendizaje la expone perfectamente Eric Ries en su bestseller The Lean Startup. Según Ries, el valor en el proceso de creación de una empresa no está en crear cosas, sino en el aprendizaje validado sobre cómo construir un negocio sostenible, aquel que aporte valor al cliente. Escribiendo esta entrada,  Amalio Rey ha contado una experiencia en la que todos nos podemos ver reflejados, que demuestra sin paliativos que estamos muy lejos de que las empresas estén enfocadas a aportar valor al cliente y —lo que es menos evidente pero aún más importante— muy lejos de que nosotros, los ciudadanos, sepamos hacerles ver que no estamos dispuestos a admitir esa actitud de desapego con nuestros intereses. Todo esto tiene mucho que ver con otro problema que también y tan bien  —como siempre— ha expuesto Amalio Rey: que no vamos a cambiar la situación trabajando, sino que es necesario

Un cuestionamiento de las estructuras de poder que son nocivas para el ejercicio de la democracia real y una búsqueda optimista de soluciones alternativas que vayan al fondo de la cuestión, que permitan hacer realidad el principio de justicia social. 

Urge cambiar la situación porque, si no, podemos caer en el círculo vicioso de la ventana rota que plantea Alex Rovira:

Si no se transmite el mensaje que da toda acción de respeto y cuidado hacia lo que tenemos, y dejamos que el deterioro, el abandono o la resignación ganen la partida, entonces la entropía, el desorden, el daño, el incivismo, el abuso, el mobbing o toda forma de infamia y degradación tenderán a propagarse rápidamente. En conclusión, si queremos evitarlo, hay que arreglar la ventana rota cuanto antes.

Para arreglar la ventana rota es necesario formarnos y tener la actitud adecuada. Quizás el problema se reduzca a lo que plantea William Deresiewicz.

No necesitamos que los estudiantes sean radicales, sólo necesitamos que sean escépticos.